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Halter is growing fast. While we currently support New Zealand, Australia, and the US, you can still learn more about what we do worldwide.

Nuestros productores nos trajeron hasta acá

Los productores y ganaderos son el centro de todo lo que hacemos.
A Halter farmer stands in a green pasture observing a herd of cows grazing under a large tree, with rolling hills and misty mountains in the background.

Por qué existimos

Los productores tienen que alimentar a un mundo que crece, pero no podemos hacerlo como siempre lo hicimos.

Los productores cuidan profundamente su tierra y sus animales, pero la agricultura, una de las industrias más antiguas del mundo, todavía no aprovechó del todo la tecnología moderna. Esa brecha es una oportunidad enorme para desbloquear mayor productividad y sustentabilidad.

Creemos que la respuesta está en el manejo de las pasturas. Un pastoreo rotativo más inteligente aprovecha mejor la tierra, impulsa la productividad y mejora la salud del suelo. La productividad no tiene por qué ser a costa de la sustentabilidad: con las herramientas adecuadas, los productores pueden lograr ambas cosas.

Fundada en Nueva Zelanda.

Impacto global.

2,000+

Clientes

1,250,000+

Kilómetros de cercas dibujadas

1,000,000+

Collares en uso
A young Craig Piggott stands smiling next to a black and white calf named Twinkle
Craig Piggott speaks on stage at a podium with two microphones, gesturing with one hand
Craig Piggott, Halter founder & CEO, sits at a wooden table in a modern, industrial-style office, smiling with hands clasped.
A young Craig Piggott poses proudly on the steps of a green tractor with “Matamata, NZ” written in the corner.
Craig Piggott leans over a black cow, smiling while fitting a Halter collar to the animal.
Craig Piggott in a white t-shirt smiles while using his phone next to a cow wearing a halter collar, with a second halter collar on display nearby in a sunny rural setting.

Criado en un tambo de 300 vacas en Matamata (Nueva Zelanda), Craig Piggott conocía de sobra los desafíos que enfrentaban los productores.

Hitos

Los momentos que nos trajeron hasta acá

01

El gran momento de Big Bird

Antes de la Serie A, teníamos a Big Bird (nuestra vaca), un collar y un equipo con algunas ideas grandes en la cabeza. El progreso era lento, así que nos pusimos un desafío: en ocho semanas, íbamos a volar a San Francisco. ¿La propuesta? Una demo en vivo donde un inversor vería a Big Bird escuchar y responder a las señales desde el otro lado del mundo, y mostrar lo que había aprendido.

Era todo o nada. Mientras Craig sobrevolaba el Pacífico, caímos todos juntos en la cuenta de que nos habíamos olvidado de los husos horarios. Las 10 de la mañana en San Francisco, las 4 de la madrugada en Nueva Zelanda: no muy divertido para nosotros, ¡pero casi la hora del ordeñe para Big Bird!

Pongámonos en escena. Un potrero iluminado con reflectores, con Big Bird rumiando, esperando el ordeñe. Desde una reunión en San Francisco, Craig envió la señal desde su laptop: ¡hora de ordeñar! Y Big Bird hizo exactamente lo que había aprendido: caminó hacia la tranquera. Demostramos que las vacas pueden entender las señales de un collar, formando el núcleo de Halter.

Una vaca legendaria de Halter: nuestro primer hito le pertenece a Big Bird.

A collage of early field testing and development at Halter, featuring people interacting with cows at night and during the day, a view of the Golden Gate Bridge, a computer screen with tracking software, and a close-up of a black cow named Big Bird wearing an early version of a halter collar.

02

De alfombras de baño a prueba de balas

Para pasar del concepto a la realidad, necesitábamos crear un hardware durable para nuestras vacas. La energía solar era la opción lógica para alimentar los collares, pero cuando los primeros cálculos de Craig sobre el panel solar arrojaron que hacía falta un panel del tamaño de una alfombra de baño por cada collar, supimos que teníamos un problema. Ese se resolvió contratando a alguien mejor con las matemáticas…

El siguiente desafío fue encontrar un panel solar lo suficientemente resistente para una vaca, porque los que teníamos se rompían con demasiada facilidad. Descubrimos que el panel solar tenía que soportar una energía equivalente a la de pegarle a una pelota de golf desde el tee.

Después de explorar muchas opciones con proveedores de todo el mundo, terminamos usando una tecnología similar a la del vidrio antibalas. No era lo que esperábamos, pero así es la vida en una start-up: resolver problemas que ni sabíamos que existían.

"A collage showing early prototyping of Halter’s technology: close-up shots of hardware components, a team member fitting a collar on a cow, a cow wearing a labeled Halter collar, and a calculator with the caption “not working out.”

03

La primera instalación

(¡al final salió bien!)

Una vez que tuvimos los collares funcionando y listos para su nuevo hogar en el campo de un cliente (y habíamos convencido a alguien de ser nuestro primer productor Halter), pusimos el foco en instalar las torres y dejar el campo listo para la puesta en marcha.

El día antes de la instalación prevista, la empresa que habíamos contratado para construir las torres se cayó, y esa fue la traba número 1. Pero eso no nos iba a frenar: unos cuantos del equipo se subieron a una camioneta, cargaron materiales en Auckland y bajaron a Waikato, y pasaron toda la noche soldando, perforando y construyendo las torres a mano en la sala de ordeñe del papá de Craig.

Una vez que las torres estuvieron listas, nos encontramos con la traba número 2: los lugares de instalación de las torres en el campo del cliente eran inaccesibles para los camiones industriales, así que todo tuvo que hacerse a mano, incluido levantar las torres hasta sus respectivas posiciones.

Salimos corriendo de nuevo y compramos más de 2000 kg de cemento para mezclar, bidones para acarrear agua a mano, una carretilla y un montón de palas para hacer todo este trabajo manualmente. Hablando de laburar a pulmón. Después de unos cuantos días trabajando de sol a sol, muchas risas y mucho sudor (a veces saliéndonos por los ojos), teníamos nuestro primer campo instalado.

Nuestro primer productor quedó tan contento al final que hasta nos compró un cajón de cervezas. Anotamos esta experiencia como un triunfo enorme y una curva de aprendizaje gigante.

A collage highlighting infrastructure and testing: solar-powered connectivity equipment, cows wearing halter collars in a shed, two people in overalls smiling by a trailer, and team members installing or inspecting outdoor hardware.

04

“Cali Fest”

Cuando los primeros collares empezaron a aterrizar en suelo neozelandés listos para instalarse en el campo de un cliente, no estaban del todo listos. Primero había que calibrarlos para que supieran la diferencia entre el Norte y el Sur (¡bastante clave cuando estás moviendo una vaca por el campo!). ¿Cómo los calibrábamos? Bueno, inventamos un Festival de Calibración.

Cada vez que había que instalar un campo nuevo, toda la empresa se amontonaba en camionetas y bajaba a Morrinsville. Salíamos al potrero, y cada uno de los collares requería una serie muy específica de movimientos durante cinco minutos antes de que los colores lindos parpadearan avisándonos que estaba listo. Enjuagar y repetir con miles de collares.

Después de unos cuantos, apodamos a los eventos "Cali Fest", y siempre venían con buenos snacks, un DJ propio y una pequeña "juntada" al final. Era un trabajo clave, y simplemente no se podía hacer sin buena música, buenos snacks y muy buena onda.

Con el tiempo encontramos la forma de que los collares llegaran a Nueva Zelanda ya calibrados, y así vimos el final de estos festivales tan esperados. Hasta luego, Cali Fest, nos vemos (ojalá que no) pronto.

A collage of Halter team culture: nighttime gatherings around bonfires, team members assembling halter collars outside the Halter building, and a relaxed outdoor team event under umbrellas with glowing light.

05

El invierno vs. Halter

Nuestro primer invierno con collares puestos en las vacas fue durísimo. Todavía no habíamos descubierto cómo mantener las baterías vivas por más de un par de días, sobre todo con menos sol para cargarlas en pleno invierno. Para mantener el ritmo de aprendizaje que necesitábamos (spoiler: un ritmo muy acelerado), transformamos un contenedor en Morrinsville en una estación de carga de collares a tiempo completo, y cada mañana helada una cuadrilla distinta pasaba cientos de collares a los cargadores.

Las noches eran un torbellino de actividad en la central de Auckland, mientras nuestro equipo de Hardware trabajaba sin descanso para desarrollar y fabricar nuevos diseños de collar. Las máquinas zumbaban (o chirriaban) hasta la madrugada, para gran fastidio de nuestros vecinos, que llamaban una y otra vez a la policía con quejas por el ruido.

Cada mañana en Waikato, el equipo (dos sacando los collares viejos y dos colocando los nuevos) se aseguraba de que el proceso fuera lo más fluido posible, y de que ninguna vaca tuviera en el cuello un collar que no estuviera cargado y haciendo su trabajo. Ese sistema de recambio se volvió una rutina diaria ese año, con cada integrante de la empresa poniéndose la camiseta para ser voluntario en esta operación vital.

Superamos nuestro primer invierno con un montón de aprendizajes, un montón de recuerdos y todavía más respeto por el trabajo de madrugada que hace falta para mantener un campo funcionando.

A collage of a man testing halter collars indoors, blue-lit shelves filled with charging collars, a foggy view labeled “no sunshine,” and three team members lying on the floor surrounded by tools, smiling during a build session.

06

"Me retiraría del campo si no tuviera Halter"

Nuestra ronda de Serie B se impulsó gracias al apoyo inquebrantable de nuestros primeros cinco productores Halter. Creemos que su entusiasmo por Halter nos ayudó a conseguir el financiamiento para llevar a Halter de cinco campos a miles de productores.

Uno de los que lo adoptaron desde el principio se mudó a Francia y pudo mantener la visibilidad de su campo (bien cuidado por un encargado) en Te Awamutu desde Francia. ¡C'est bon!

Otro, mirando directo a la cámara, nos dijo con toda seriedad: «Me retiraría del campo si no tuviera Halter».

Uno de nuestros primeros clientes hasta se compró una patente personalizada que simplemente decía «Halter». Nos preguntamos por qué no se nos había ocurrido a nosotros primero, aunque, pensándolo bien, es toda una historia que un productor demuestre su apoyo de esa manera.

Fue una señal de que las cosas empezaban a funcionar. Y lo más importante: mostró que la gente creía de verdad en nuestro producto y en nuestra misión. Y de eso se trata todo.

A collage featuring a Halter farmer in muddy coveralls stands on a farm dirt road, and a red Isuzu utility vehicle with a license plate reading “HALTER.”

Nuestros premios

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Maneja tu campo como siempre quisiste

A farmer stands in the foreground, observing a herd of dairy cows wearing Halter collars as they graze on a green pasture, with rolling hills and a blue sky in the background.